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Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México, A.R.

La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron(Salmo 85). Este anuncio lleno de esperanza del salmista, que se visualiza como posibilidad de vida para la humanidad, se convierte para nosotros en invitación del Espíritu para fortalecer nuestro servicio y nuestro compromiso por la Paz.

comunicado

A las comunidades de religiosas y religiosos de México
Al Pueblo de México

Las religiosas y religiosos de México nos hemos reunido en la XLVII Asamblea de la CIRM, del 27 al 29 de abril en Monterrey, Nuevo León, bajo el lema: «La vida religiosa, a la escucha de Dios, impulsora de la paz». Esta Asamblea estuvo en continuidad con la anterior, en la que hicimos un trabajo de discernimiento para escuchar a Dios donde la vida clama.

Atentos a la voz de algunos familiares de las víctimas de la violencia, hemos reflexionado sobre la situación del país en este momento donde parece que las elecciones polarizan todo y queremos resaltar algunos rasgos de esta situación que nos preocupan.


- Una guerra declarada por el Gobierno Federal contra el crimen organizado que ha cobrado ya más de 60,000 vidas, ha generado que alrededor de 10,000 personas se encuentren desaparecidas y ha desatado una violencia irracional e inhumana. Esta situación nos coloca ante un panorama de miedo, dolor y angustia que enluta a miles de familias mexicanas.


- Los órganos de gobierno encargados de impartir justicia en México han fracasado. La mayoría de los crímenes cometidos en este sexenio permanecen en la impunidad. La Cámara de Diputados deberá aprobar la Ley General de Víctimas que, por otro lado, habrá de mostrar su eficacia a través de acciones concretas en favor de las víctimas.


- La situación de los miles de migrantes que cruzan a diario nuestro país y el deshumanizante trato que reciben en nuestro territorio de parte de bandas criminales e, incluso, de agentes del Instituto Nacional de Migración y diversos niveles de la policía.


- La enorme brecha entre ricos y pobres que se sigue acentuando en nuestro país y, con ello, la falta de oportunidades de trabajo y de estudio de las nuevas generaciones de jóvenes, que se ven obligados a encontrar el modo de subsistir migrando o acercándose a falsas alternativas como pudieran ser la colaboración o el enrolamiento con bandas del crimen organizado y el narcotráfico.


- El riesgo que corre el sector obrero en sus derechos con una nueva Ley Laboral que los deje en una mayor desprotección y la situación de vulnerabilidad que vive la mujer, particularmente por la trata de personas y los feminicidios.


- La constatación de las graves violaciones a los Derechos Humanos de parte de unas fuerzas armadas expuestas a labores distintas de sus funciones constitucionales; la criminalización de aquellos que asumen como responsabilidad propia la defensa de quienes que han sido vulnerados en sus derechos elementales.


- México vive un contexto de campañas electorales. Quienes aspiran a gobernar el país parecieran más preocupados por su propia imagen y por ascender en el porcentaje de las encuestas, que por plantear una solución de fondo a los problemas fundamentales de nuestro país.

Es difícil atisbar en época de elecciones el diseño serio de un verdadero proyecto al servicio de la Nación.


Nos hemos acercado a esta realidad a través de sus víctimas, que despiertan en nosotros compasión y pasión, y nos invitan a trabajar para impulsar un proyecto de paz que haga visible el Reino de Dios.


Entre las acciones por la paz y las acciones de guerra constatamos, con dolor, que en nuestro país son mucho más numerosas las segundas. Hemos dejado avanzar las fronteras de lo inhumano y pareciera que el rostro terrible de la violencia, con su deshumanización, se ha vuelto algo cotidiano y aceptable. A pesar de esto, reconocemos que hay personas y colectivos que, en su denuncia valiente, en su servicio generoso, en la puesta en riesgo de su propia vida por hacer suyas las demandas de justicia de la población ofendida, hacen que en México aún esté viva una reserva moral.


A la luz de estos testimonios, nos hemos sentido interpeladas e interpelados. Reconocemos nuestra fragilidad y, al mismo tiempo, descubrimos nuestras potencialidades. Vemos la necesidad de alentar en nuestras comunidades y obras una vocación al servicio de una paz con justicia y dignidad, al lado y en favor de quienes viven en las fronteras de la exclusión.


Descubrimos en esto una traducción actual de lo que fuera, en su momento, el origen de nuestra vocación. Vivir así hoy nos pone en el camino del seguimiento de Jesucristo, para quien el servicio desde abajo y la solidaridad universal se convirtieron en claves de vida, y la tarea de comunicar la paz, en su oficio como resucitado.


Para que esta labor sea efectiva y produzca frutos, habrá de hacerse de una manera intercongregacional, trabajando en red. Nos sentimos invitadas e invitados a insertarnos con mayor vigor en nuestra sociedad y colaborar en las múltiples iniciativas de tantos grupos que intentan, de diversas maneras, frenar una dinámica de violencia y descomposición social. Para nosotros, la guerra es éticamente inaceptable; por ello nos comprometemos en la construcción de una verdadera cultura de paz.


«La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron» (Salmo 85). Este anuncio lleno de esperanza del salmista, que se visualiza como posibilidad de vida para la humanidad, se convierte para nosotros en invitación del Espíritu para fortalecer nuestro servicio y nuestro compromiso por la Paz.

             Por la Asamblea Nacional de la CIRM:
                                                      P. Fernando Torre, msps
                                                                 Presidente
        Hna. Juana Ángeles Zárate, csc                                     Hno. Ricardo Reynoso, fms

                   Vicepresidenta                                                            Vicepresidente



                                    Monterrey, Nuevo León, a 29 de abril de 2012

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