Somos una Congregación misionera fundada por el Arzobispo San Antonio María Claret en Vic (España), el 16 de julio de 1849, aprobada por Pío IX el 22 de diciembre de 1865. Nos llamamos Hijos del Inmaculado Corazón de María o Misioneros Claretianos.

El objeto de nuestra Congregación, tal como nos lo enseñó nuestro Santo Padre Fundador, es buscar en todo la Gloria de Dios, la santificación de todos sus miembros y la salvación de los hombres de todo el mundo, según nuestro carisma misionero en la Iglesia.

La fundación de la Congregación se atribuye a la intervención de la Santísima Virgen, a quien tenemos como Patrona bajo el título de su Inmaculado Corazón. Siendo y llamándonos Hijos de su Corazón, la veneramos con amor y confianza. Y nos entregamos a Ella para ser configurados con el misterio de Cristo.

Nosotros, los misioneros, hacemos nuestro el modo de vida de Jesús, que abrazó también en fe la Virgen María. De esta manera, nos proponemos representar en la Iglesia la virginidad, la pobreza y la obediencia de Cristo, dedicados a la predicación del evangelio.
Profesamos amor y obediencia al Santo Padre para el bien de todo el Cuerpo de Cristo. En comunión con los Obispos y como esforzados auxiliares suyos en el ministerio de la Palabra, empleando todos los medios que nos sean posibles pretendemos extender por el mundo entero la Buena Nueva del Reino.
Formamos la Congregación obispos, presbíteros, diáconos, hermanos y estudiantes, compartiendo todos la misma vocación. Y todos nos congregamos en la misma comunidad y realizamos la misma misión, según el don de la propia vocación.

Somos un pequeño grupo en medio de nuestro mundo de más de seis mil millones de habitantes, de nuestra Iglesia, con más mil millones de católicos, y de la misma vida religiosa o consagrada, de la que forman parte más de un millón de personas en institutos de derecho pontificio.

Al 31 de diciembre del año 2002 nuestra Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María constaba de 3,063 miembros, de los cuales son: 15 obispos, 2,027 presbíteros, 4 diáconos permanentes, 239 hermanos, 633 estudiantes y 145 novicios.
Imitamos la comunión de vida de los Apóstoles en Cristo y la primera comunidad local.

La vida fraterna se realiza plenamente en la Eucaristía y se alimenta con la oración común.
¿Cuál es nuestra misión en el mundo?
* Siguiendo el ejemplo de nuestro Fundador procuramos hacer una evangelización:
* Misionera, “al estilo de los Apóstoles”, encaminada a la conversión de los hombres y la renovación de la vida cristiana.
* Inculturada, en diálogo respetuoso y activo con las diversas culturas y, a la vez, abierta para descubrir y acoger dinámicamente los valores del reino.
* Profética y liberadora, que lleve la luz del Evangelio con todo su contenido de denuncia y anuncio salvador.
* Desde la perspectiva de los pobres y necesitados que nos lleve a compartir sus angustias, sufrimientos y esperanzas.
* Multiplicadora de líderes evangelizadores que promuevan un modelo participativo de Iglesia, donde florezca la conciencia de la multiplicidad de dones.
Aunque nuestra misión es para todos, después de un laborioso discernimiento, hemos optado por algunos sujetos preferenciales de nuestra evangelización. Los enumeramos sin orden de prioridad:

* La evangelización del mundo no cristiano y de grupos descristianizados.
* La evangelización de los pobres.
* La formación de nuevos evangelizadores.
* La evangelización de los jóvenes.
* La evangelización de la familia.
Nuestro XXIII Capítulo General celebrado del 19 de agosto al 15 de septiembre del presente año 2003 en Roma, ha señalado en el área misionero-apostólica tres grandes prioridades:

1. La misión compartida como modo normal de misión.
2. La solidaridad con los pobres, los excluidos y los amenazados en su derecho a la vida.
3. La inculturación del Evangelio por medio del diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural en todas nuestras obras misioneras.
Tratamos de tener siempre ante nuestros ojos la definición del Misionero, heredada por nuestro Santo Padre Fundador, Antonio María Claret a todos sus seguidores:

“Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor. Nada le arredra; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloría en la cruz de Jesucristo. No piensa sino como seguirá e imitará a Cristo en orar, en trabajar, en sufrir, en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres.”